Soluciones, no títulos

Hace algunos días, hablando sobre caminos profesionales con uno de mis clientes (así, a modo de hacer tiempo mientras esperábamos a que se actualicen unos archivos en Dropbox), comenzamos a contarnos cómo habíamos llegado a hacer lo que hacemos... 

Y al ver que ambos tuvimos una trayectoria un poco extraña, terminamos concluyendo que es increíble como aún existan personas que creen que tienen que pasarse años estudiando para ganarse el título de "Experto" en un área determinada. Saber programar si quieres crear tu página web, estudiar Diseño Gráfico o Artes si estás pensando hacer algo relacionado al diseño, o tener un Master Degree en Marketing para que otros valoren más tu opinión en el tema. Títulos, para validarte o juzgarte. Nada más que títulos. Como el mío, que lo tengo por ahí en algún lado.

Allá por mi tercer año (de cinco) estudiando Ingeniería Industrial, empecé a darme cuenta que probablemente eso no era lo mío; que me había equivocado y debía cargar con ese error por el resto de mi vida. Obviamente, el final fue mucho menos trágico de lo que alguien en mi situación puede pensar ese momento (joven estudiante, crisis existencial, qué hacer con mi vida, etc.); y a pesar de que todavía no estaba seguro si quería pasar mi tiempo trabajando en alguna de las tantas áreas para la que te preparas estudiando esa carrera, dejé de darle tanta vuelta a ese tema. Simplemente seguí avanzando, haciendo lo que creía era lo mejor para mí; y así, nunca llegué a ejercer mi profesión en todo este tiempo, porque nunca terminaron de crecer en mí las ganas por hacerla parte de mi vida. 

Pero lejos de arrepentirme por una "mala" decisión que todos debemos tomar al terminar el colegio, no cambiaría por nada las experiencias que se viven en la universidad, sin importar la carrera. La gente que conoces (entre amigos y profesores), las relaciones que creas, los viajes que haces, y alguna que otra materia o lección que se queda en tu cabeza; TODO termina siendo parte de ti y de lo que eres, independientemente de las decisiones que tomes en el futuro.

Así es como me jugué más por lo que hacía paralelamente. Leía, aunque a otros autores (Robert Kiyosaki, Napoleon Hill, Seth Godin); aprendía, muchas otras cosas que -en esa época- eran muy ajenas a lo que debía hacer (cocina, enología, fotografía); y trabajaba, aunque claro, casi siempre gratis. Pero sabía que mientras más lo hacía, más experiencia ganaba. No importaba si era sacando fotos o diseñando logos, o tomando cursos en finanzas personales o de cocina; debía seguir alimentando esa curiosidad que tenía de encontrar lo mejor de mí. Y si bien ahora no soy ni un chef, ni un fotógrafo profesional; aprendí a cocinar y a disfrutar de un buen vino o una buena foto. Pero lo mejor de todo, es que entendí quién era y quién quería llegar a ser. Entendí para qué era bueno, y para qué no. Y entendí que cada día que pasaba sin ser lo mejor de mí, era un día menos para mejorarme. Ser yo.

Y así, sin títulos para lo que quieres hacer, empiezas desde cero, sin saber nada, sin tener la mínima idea de cómo van las cosas. Hasta que lees, preguntas, investigas; y por tu trabajo duro y el haberte movido rápido, te ganas esa experiencia que consigues con los títulos, en mucho menos tiempo de lo que pensabas. (O al menos, ese camino tomamos mi cliente y yo.)

Después, depende de ti, y de entender que la gente paga por soluciones, no títulos. Y ese es prácticamente el secreto: solucionar los problemas de la gente.

Así que identifica un problema que te guste o crees que puedas resolver (de alguna manera), y si más personas te piden ayuda, comienza a cobrar por tus servicios (y aumenta tu tarifa cuando empieces a tener más pedidos que tiempo). Si empiezas con esto, nunca te será difícil encontrar clientes, porque siempre hay trabajo para los que pueden solucionar problemas.