Tu propósito en la vida no lo descubres, lo inventas

Tu propósito en la vida no lo descubres, lo inventas

Hace unas semanas fui invitado a escribir un post en el blog de Mariano Cabrera Lanfranconi... 

Un emprendedor con el cuál me identifico mucho, porque está logrando hacer con y desde el internet en Bolivia, muchas cosas que se pensaban eran imposibles, como por ejemplo ganar dinero escribiendo un blog, recibir ingresos mediante marketing de afiliación o vender productos y servicios a gente en la otra parte del mundo. 

Pues bien, cuando termine de escribir el post (que puedes leerlo en este link) tenía que firmarlo con una pequeña biografía mía, algo que siempre me detiene a pensar, particularmente por el hecho de tener que incluir todos esos proyectos tan diversos que he creado o ayudado a crear hasta el día de hoy. Y eso me hizo recordar de nuevo ese camino tan particular que, al igual que yo, muchos hacen hasta encontrar su destino. ¿Por qué había hecho todo eso? ¿Qué era lo que me había llevado a hacer galletas de jengibre? ¿Y después papas fritas? ¿Y después una app? ¿Y ahora un blog? 

En alguna época de mi vida yo quise vivir de la fotografía, en otra pensaba que como me gusta cocinar tal vez debía irme hacia el lado de la gastronomía, después quise juntar eso con lo que estudié por tantos años y así crear una gran industria de alimentos, ¡claro! ¡ese es mi propósito en la vida! Bueno, al menos lo fue hasta que descubrí que eso tampoco era lo mío.

Antes, cuando recién empezaba a caminar profesionalmente, tenía muchas dudas encima de mí. No sabía muy bien para qué era bueno, o si realmente estaba “destinado” a hacer una cosa en  específico, o si después de comprometerme a algo podía llegar a cambiar de opinión y así terminar odiándolo. Miedos con los que cualquiera se puede identificar, al menos cualquiera que estudia algo por 4 años, y al final se da cuenta que podría ser más feliz haciendo otra cosa; o alguien que no siente que es feliz en su trabajo, pero que cree que su destino ya ha estado definido y no puede cambiarlo. 

Yo pensé que estaba equivocado, que estaba haciendo mal las cosas al moverme entre tantas áreas sin decidirme por alguna, y que debía de una vez por todas encontrar aquello que tenía que hacer, mi destino. Pero la verdad es que yo ya lo había encontrado, solo que todavía no me daba cuenta de eso. Mi pasión era y todavía es, crear. Me encanta crear algo de la nada. 

Esa sensación es algo que no puede explicarse en palabras, especialmente porque de la idea a la realidad pasan muchísimas cosas, buenas y malas, impredecibles e inesperadas; pero cuando comprendes que eres realmente capaz de transformar una idea que sale de la conversación con una amiga mientras se toman un simple café, en un producto o servicio que es consumido y conocido por otras personas, y al final termina siendo algo más grande o totalmente diferente a lo que imaginabas; sientes que no tienes límites. Ese proceso que va desde que tienes la idea en tu cabeza hasta que la ves realizada es realmente eufórico y adictivo, para mi no hay nada parecido.

Y sin embargo, a pesar de haber disfrutado de todas las cosas que llegue a hacer, tarde mucho en darme cuenta que el camino profesional que había recorrido no tenía nada de malo. Hay tantas personas que pierden el tiempo buscando su propósito en la vida, cuando en realidad somos nosotros los que tenemos que inventarnos uno, y cambiarlo cuando queramos. No es tan complicado, incluso tener un propósito pequeño y cambiarlo después de haberlo conseguido, es mejor que no tener ninguno.

Así que ya no te quedes esperando a que tu propósito en la vida se te aparezca en un sueño, en una frase de Steve Jobs o te lo venda algún libro de Paulo Coelho. Créalo tú y cámbialo las veces que quieras, porque tu propósito en la vida no lo descubres, lo inventas.